Docentes de la UEIGFM Fortalecen su Práctica Profesional en el IV Congreso Internacional de Educación Inclusiva de Santillana
Docentes de la UEIGFM Fortalecen su Práctica Profesional en el IV Congreso Internacional de Educación Inclusiva de Santillana
La UEIGFM reafirma su compromiso con la vanguardia pedagógica, destacando la masiva participación de su cuerpo docente en el reciente IV Congreso Internacional de Educación Inclusiva, un evento en línea de primer nivel organizado por Santillana que congregó a educadores de varias naciones latinoamericanas, y que tuvo lugar los días 22 y 23 de abril de 2026. El tema central de este congreso es Cuidar al docente para atender la diversidad.
Bajo la inspiradora convocatoria de la Lcda. Ysbhet Curiel, Directora General del plantel, se invitó a todo el personal docente a sumergirse en esta experiencia formativa de dos jornadas.
La respuesta no se hizo esperar; los educadores de la UEIGFM respondieron con gran entusiasmo, inscribiéndose y participando activamente en cada una de las sesiones transmitidas a través de YouTube, consolidando así su compromiso con la actualización profesional.
Los cuatro objetivos principales del Congreso fueron los siguientes:
El congreso, que se desarrolló sin contratiempos en el horario de 5:00 p.m. (hora local de Venezuela), ofreció un espacio de aproximadamente dos horas por día, cuidadosamente estructurado para abordar los pilares fundamentales de una educación que reconoce y valora la diversidad como un eje central del aprendizaje.
Primera Jornada:
El docente y su realidad en el aula
La primera jornada incluyó una conferencia magistral y un conversatorio; y estuvo centrada en señalar importante rol del docente en la educación inclusiva. El resumen de la primera jornada es el siguiente:
Conferencia: El bienestar docente como condición de la inclusión.
Ponente: Hernán Aldana. Neurocientífico y doctor en Biología de la Universidad de Buenos Aires (Argentina).
Resumen: El bienestar docente es la base de una inclusión efectiva en el aula. La participación y el aprendizaje de todos los estudiantes solo pueden sostenerse cuando el docente cuenta con energía, motivación y capacidad para actuar con intención.
El bienestar docente no es un complemento agradable en la tarea educativa, sino el cimiento biológico y emocional sobre el que se sostiene cualquier práctica inclusiva. Desde la neurociencia, se explicó que la capacidad del profesorado para regular su atención, gestionar la imprevisibilidad del aula y mantener una actitud empática frente a la diversidad depende directamente de su estado energético y motivacional. Cuando el docente se encuentra desbordado, las funciones ejecutivas del cerebro —responsables de la planificación flexible y la toma de decisiones ajustadas— se ven comprometidas, imposibilitando ese actuar con intención que requiere responder a las necesidades específicas de cada estudiante. Sin bienestar, la inclusión deja de ser una práctica posible y se convierte en un ideal frustrante.
Uno de los puntos más relevantes abordados fue la paradoja silenciosa que afecta a los profesionales más comprometidos con la inclusión: son precisamente quienes asumen la diversidad como un desafío ético ineludible quienes presentan mayores niveles de desgaste emocional. Al operar en un estado de hipervigilancia constante, sin espacios institucionales que protejan su salud mental ni tiempos destinados a la recuperación cognitiva, el sistema educativo termina excluyendo a quienes deberían ser sus principales agentes de cambio. El bienestar, en este sentido, no significa ausencia de estrés, sino capacidad de recuperación tras él, y esa capacidad solo puede desarrollarse cuando las instituciones entienden que cuidar al docente es una condición didáctica de base, no un beneficio secundario.
Finalmente, se ofrecieron claves concretas para trasladar esta reflexión a la práctica cotidiana. Reducir la sobrecarga de decisiones irrelevantes, clarificar los límites de la responsabilidad docente, legitimar la petición de ayuda sin estigmatización y diseñar jornadas laborales que contemplen pausas restaurativas son acciones necesarias para sostener la energía y motivación del profesorado. La conclusión fue clara: no se puede construir una educación que incluya a todos los estudiantes si se excluye del sistema de cuidados a quienes la hacen posible. Solo cuando el docente se siente respaldado y restaurado, su capacidad para actuar con intención se traduce en aulas donde la participación y el aprendizaje dejan de ser promesas y se convierten en realidades cotidianas.
Conversatorio: Lo que nadie nos explicó sobre educar en la diversidad.
Ponentes: Coral Elizondo, experta en innovación educativa inclusiva y DUA; Alberto Quílez, Especialista en Altas Capacidades, dedicado a la docencia y la investigación; y Claudia María Costa Días, docente e investigadora, experta en diversidad.
Resumen: Educar en la diversidad no siempre viene con instrucciones claras. Esta sesión aborda aspectos que rara vez se explican, ofreciendo claves para comprender y acompañar a todo el alumnado, respetando los diferentes ritmos, estilos de aprendizaje y particularidades, y prestando especial atención a quienes requieren apoyos específicos.
El conversatorio partió de una premisa honesta y liberadora: nadie entrega un manual de instrucciones cuando un docente se enfrenta por primera vez a un aula diversa. Los especialistas coincidieron en que la formación inicial suele centrarse en el qué enseñar, pero rara vez aborda el cómo sostener la mirada, la paciencia y la creatividad necesarias para responder a treinta formas distintas de aprender al mismo tiempo. Esta ausencia de explicaciones previas genera una sensación de fracaso personal que no corresponde al docente, sino a un sistema que lo prepara para grupos homogéneos inexistentes. Reconocer que lo que nadie explicó no es un déficit individual, sino una deuda estructural, resultó ser el primer paso para aliviar la culpa y abrir paso a estrategías realistas.
Uno de los aspectos más iluminadores fue la reflexión sobre los diferentes ritmos y estilos de aprendizaje, y cómo estos suelen ser interpretados erróneamente como falta de interés o capacidad. Se explicó que un estudiante que procesa lentamente no es menos competente, simplemente necesita tiempos que el ritmo acelerado del aula no contempla, del mismo modo que otro alumno que se adelanta o desvía del plan no está actuando con rebeldía, sino con una forma de pensar que requiere ajustes específicos. La clave no está en etiquetar, sino en observar sin prejuicios y en diseñar entornos flexibles donde quepan tanto la pausa como la aceleración, tanto la necesidad de estructura como el impulso exploratorio. Respetar las particularidades, se argumentó, no es un acto de generosidad, sino de justicia pedagógica.
Se prestó especial atención a quienes requieren apoyos más específicos, y aquí surgió una idea contundente: el apoyo no debe entenderse como un añadido que se entrega fuera del aula o en un horario especial, sino como una forma de repensar la organización ordinaria. Los especialistas subrayaron que muchas veces lo que parece una dificultad del estudiante es en realidad una rigidez del entorno, y que anticipar ajustes razonables beneficia a todo el grupo, no solo a quien los necesita. Por ejemplo, ofrecer instrucciones claras por múltiples canales, permitir diferentes formatos de expresión o diseñar evaluaciones flexibles son medidas que no requieren grandes recursos, sino voluntad de repensar lo establecido. Lo que nadie explica, lamentablemente, es que la inclusión real implica desaprender rutinas que damos por naturales.
Para cerrar, el conversatorio ofreció claves prácticas que conectaron directamente con la necesidad del docente de sentirse acompañado. Se habló de la importancia de los equipos colaborativos dentro de la escuela, donde pedir ayuda no sea visto como debilidad, sino como inteligencia profesional. También se insistió en que educar en la diversidad no significa tener una respuesta perfecta para cada situación, sino sostener una actitud de búsqueda y aprendizaje continuo, permitiéndose errar y corregir sobre la marcha. Lo que nadie explica, concluyeron, es que la inclusión se aprende haciendo, equivocándose y reflexionando en comunidad, y que el mejor recurso no es un programa ni un material, sino la confianza entre docentes para compartir dudas y descubrimientos sin miedo al juicio.
El enlace para el video YouTube de esta jornada es el siguiente:
La participación en este congreso resulta especialmente pertinente para la UEIGFM, ya que su título y contenido se alinean perfectamente con la visión institucional de formar ciudadanos íntegros en un ambiente de respeto y equidad, con la mejor inclusión posible, y en donde el rol de docente es fundamental.
Al abordar temáticas como el DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje), la evaluación inclusiva y la neurociencia aplicada, los docentes fortalecen dimensiones clave de su práctica profesional, tales como la planificación didáctica flexible, la capacidad de observación y diagnóstico pedagógico para detectar barreras de aprendizaje, y el desarrollo de una sensibilidad agudizada para crear climas de aula acogedores.
La experiencia permitió a los profesionales de la educación de la UEIGFM adquirir nuevas herramientas teóricas y prácticas, consolidando su rol como agentes de cambio capaces de transformar la realidad del aula.
El éxito de esta participación, donde el congreso transcurrió sin novedades técnicas y con un alto nivel de contenido, demuestra el firme compromiso del Colegio con la formación continua de su capital humano, el más precioso en conjunción con los estudiantes.
Desde la Dirección General del Colegio, se extiende una sincera felicitación al cuerpo docente por su destacada disposición y activa participación, así como un agradecimiento a la organización Santillana por brindar una oportunidad tan enriquecedora.
La UEIGFM continúa, de esta manera, construyendo un futuro educativo donde la inclusión es la llave que abre las puertas del conocimiento para todos.





































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