Un paso al frente hacia la excelencia: El emotivo homenaje de la UEIGFM a los alumnos del 5to. Año C con motivo de la defensa de su Proyecto de Investigación

Un paso al frente hacia la Excelencia: El emotivo homenaje de la UEIGFM a los alumnos del 5to. Año C con motivo de la Defensa de su Proyecto de Investigación

En el pasillo central del nivel de Educación Primaria de la UEIGFM, el ambiente se impregnó de una mezcla única de nostalgia, gratitud y profunda solemnidad. En la mañana del miércoles 15 de julio de 2026, las puertas del Colegio se abrieron brevemente con un propósito puntual muy especial. Docentes, y un grupo selecto de estudiantes se dieron cita para celebrar un hito académico que trasciende la mera culminación de un año lectivo: el homenaje a los alumnos del Quinto Año C, quienes se preparaban para la defensa y divulgación de su tesis de grado, el proyecto de investigación final que corona su paso por el Colegio y es requisito indispensable para su graduación.



La jornada, cuidadosamente coordinada por la Dirección General del plantel, estuvo conducida con la calidez y la visión estratégica que caracterizan a la Lcda. Ysbhet Curiel. Su presencia no fue meramente protocolar, sino que se erigió como el eje articulador de una acción pedagógica que buscaba trascender lo académico para tocar las fibras más profundas del espíritu humano. Bajo su dirección, el evento se convirtió en un espacio de contención, motivación y reflexión, especialmente significativo en el complejo contexto postraumático que vive la nación tras el devastador terremoto del 24 de junio pasado.



La Directora, con su discurso, tejió un puente entre la excelencia académica y la fortaleza anímica, reconociendo el doble esfuerzo que han debido realizar estos jóvenes. No solo han sorteado los rigores intelectuales de su proyecto de investigación, sino que han demostrado una resiliencia extraordinaria al mantener el enfoque en sus metas mientras el país entero lidiaba con la conmoción y el duelo. La Institución, fiel a su compromiso de acompañamiento integral, decidió que la mejor forma de honrar su esfuerzo era brindarles un cierre emotivo que los impulsara hacia el siguiente desafío: la defensa de su tesis.


En este marco, la licenciada Curiel tomó la palabra para agradecer al grupo de graduandos por el inmenso empeño que han volcado en todos los procesos que han transitado durante el Año Escolar. Desde las competencias deportivas hasta las presentaciones culturales, pasando por la rigurosidad de sus investigaciones, cada paso ha sido dado con una entrega que, según sus palabras, deja una huella imborrable en la historia de la Institución. La Directora subrayó que el verdadero éxito no reside únicamente en la calificación obtenida, sino en la capacidad de los estudiantes para discriminar y seleccionar, entre la maraña de estímulos cotidianos, aquellas situaciones que realmente los acercan a la plenitud como personas.



Con una metáfora que resonó con fuerza en el pasillo, la Directora habló de la abundancia que habita en cada uno de los alumnos mirandinos. No se refería a bienes materiales, sino a esa riqueza innata que proviene del nacimiento mismo: la inteligencia, los dones, los talentos y, sobre todo, los valores que han sido cultivados en las aulas de la UEIGFM. Esta abundancia, explicó, se manifiesta en la sangre que corre por sus venas, en el agua que compone su ser y en la energía que los impulsa a construir un futuro mejor. Por ello, los instó a proteger su integridad, cuidando su cuerpo, su mente y su espíritu para que nada ni nadie pueda dañar esa esencia brillante que los define.



El acto cobró una dinámica participativa cuando la Directora abrió un estimulante espacio de preguntas y respuestas, donde los estudiantes no dudaron en interactuar y compartir sus propias reflexiones. En un diálogo franco y enriquecedor, los jóvenes manifestaron sus inquietudes sobre la transición hacia la vida adulta, la toma de decisiones y el significado profundo de ser una buena persona. La licenciada Curiel, atenta a cada intervención, supo guiar la conversación hacia la importancia de alinearse con el universo, empleando la fuerza de un ser supremo, para rogar por la abundancia social y emocional que tanto necesita la juventud en estos tiempos inciertos.



En su alocución, la Directora hizo un llamado enfático a la práctica de la tolerancia y la paciencia, virtudes que se han vuelto esenciales en un país que aún llora a sus víctimas. Con una voz serena pero firme, les recordó a los graduandos que nunca deben tener miedo de enfrentar los desafíos que vendrán, pero que tampoco deben permitir que el temor los lleve a causar daño a otros ni a sí mismos. Tomar decisiones con conciencia y con el corazón en paz es, según sus palabras, el primer paso para poder responder con orgullo a la pregunta fundamental que todo ser humano debe hacerse: ¿Quién soy?, y hacerlo con plena identidad y satisfacción en cualquier ámbito de su vida.



La Directora también proyectó su mirada hacia el futuro inmediato, describiendo la nueva etapa de Educación Superior que les espera como un horizonte grandioso y lleno de posibilidades. Sin embargo, insistió en que, más allá de los títulos y los logros profesionales, lo que realmente definirá su éxito será su calidad humana. Les recordó que ellos, como promoción, han sido forjados en el fuego de pruebas durísimas, desde la crisis sanitaria de la pandemia que afectó la normalidad de su niñez, hasta el reciente y terrible terremoto que ha enlutado a la nación. Esa capacidad de sobreponerse a la adversidad es su mayor fortaleza y los convierte en testigos vivos del poder de la resiliencia.



No podía faltar en su discurso una mención especial a la familia, ese pilar fundamental que ha sostenido cada paso de estos jóvenes durante su travesía educativa. La Directora honró la figura de los padres y representantes, resaltando que su entrega y apoyo incondicional han sido la base sobre la cual se ha construido el éxito académico de sus hijos. Subrayó la importancia de mantener ese vínculo sagrado y de reconocer siempre el esfuerzo de aquellos que, desde la sombra, han velado por su bienestar y crecimiento, incluso en los momentos más oscuros que ha atravesado el país.



Culminada la parte discursiva, el ambiente se transformó con las primeras notas del Himno Mirandino, cuya letra, escrita con profundo amor por la propia Directora, se convirtió en el vehículo de una despedida cargada de simbolismo. 



Los alumnos del Quinto Año C desfilaron por el pasillo central, recibiendo el cálido aplauso de sus maestras del nivel de Educación Primaria, muchas de las cuales habían sido sus guías en los primeros años de su formación. Fue un breve pero intenso momento, donde los rostros denotaban la emoción contenida y el orgullo de haber llegado hasta allí.



Tras el desfile, la Directora retomó la palabra para exhortarlos a no apartarse nunca del camino del bien, instándolos a cumplir con los principios que rigen la convivencia armoniosa. Como un gesto de reciprocidad, los estudiantes dedicaron un fuerte y sentido aplauso a todos sus profesores y maestros presentes, reconociendo su labor diaria y su paciencia infinita. La licenciada Curiel, conmovida, les agradeció simplemente por existir, por ser esa chispa de esperanza que el Colegio y el país necesitan, y les pidió que continúen siendo resilientes y valientes.



En un acto de justicia poética, los asistentes volvieron a aplaudir, esta vez en dirección a los padres y representantes que se encontraban en el lugar. Aquel reconocimiento público fue un tributo a la labor titánica de acompañamiento que han realizado durante todos los años de estudio de sus hijos, un apoyo que muchas veces se ejerce en silencio pero que resulta vital para el éxito de cualquier proyecto educativo. La emoción se hizo palpable cuando las familias se sintieron parte activa de este homenaje.



La Directora, en su rol de facilitadora pedagógica, condujo entonces una dinámica grupal denominada "Un paso al frente". Este ejercicio de autoevaluación emocional permitió a todos los presentes reflexionar sobre su propio estado anímico y su capacidad para afrontar los retos. La actividad generó un clima de introspección y sinceridad, que sirvió como bálsamo para las heridas invisibles que ha dejado la reciente tragedia nacional.



En un gesto de profunda espiritualidad, la licenciada Curiel elevó una plegaria de gratitud hacia Dios por haber contenido los efectos del terremoto, que pudieron haber sido mucho más devastadores. Con la mayor empatía, rogó por el eterno descanso de las almas de las víctimas y envió un mensaje de consuelo a sus familiares. Este momento de recogimiento fue clave para mantener el equilibrio entre la celebración del logro estudiantil y el respeto debido por la situación de luto que aún vive la nación.



La culminación del íntimo evento no podía ser otra que con las emblemáticas melodías que han marcado la identidad del Colegio: "Con la fuerza del corazón" y "Buenos días alegría". Estas canciones, que han sido empleadas históricamente para fortalecer la autoestima de los estudiantes, resonaron en el pasillo como un tributo final y una salutación sincera a los graduandos. Las letras, llenas de mensajes positivos, envolvieron a los presentes en un abrazo simbólico que buscaba inyectar optimismo y energía para los desafíos venideros.



Finalizada la parte musical, llegó el momento cumbre de la despedida formal. La Directora, con la mirada puesta en cada uno de los jóvenes, les deseó la mejor de las suertes en el proceso inminente de defensa de su tesis de grado. Expresó su total confianza en que brillarían durante la ejecución de su presentación, llenando de orgullo a sus profesores, tutores y a los miembros del jurado evaluador. Les recordó que este es solo el primer gran escalón de una carrera de éxitos que están destinados a construir.



La realización de esta actividad, en el formato y con la profundidad con que se llevó a cabo, resulta fundamental por varias razones pedagógicas de gran calado. En primer lugar, fortalece la dimensión emocional de los estudiantes, al proporcionarles un espacio seguro para procesar sus emociones y sentirse valorados en un momento de alta tensión académica y social. En segundo lugar, potencia su dimensión social, al integrarlos en una comunidad que los reconoce y los despide con honores, reforzando su sentido de pertenencia y su identidad como miembros de la UEIGFM.



Por último, y quizás lo más relevante en el contexto actual, esta actividad refuerza la dimensión espiritual y trascendente de la educación. Al vincular el logro académico con valores como la resiliencia, la gratitud, la fe y la empatía por el prójimo, la institución trasciende el mero acto escolar para convertirse en un agente de sanación y esperanza. En medio del dolor y la incertidumbre, la UEIGFM demuestra que la educación es el faro que guía a las nuevas generaciones, y que eventos como este son necesarios para recordar que, a pesar de todo, la vida y el conocimiento continúan su curso imparable.



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