La Hora de la Excelencia: Un encuentro con el corazón y la mente en la UEIGFM

La Hora de la Excelencia: Un encuentro con el corazón y la mente en la UEIGFM

El viernes 22 de mayo de 2026, el pasillo central del nivel de Educación Primaria de la UEIGFM se convirtió en el escenario de una significativa Hora de la Excelencia. La actividad, concebida con un profundo sentido pedagógico, reunió a todo el alumnado y al personal docente en una mañana que trascendió lo meramente ceremonial para convertirse en una lección viva de formación integral. La conducción estuvo a cargo de la Directora General, Lcda. Ysbhet Curiel, quien con su habitual liderazgo orientó cada momento hacia el fortalecimiento del proyecto educativo de la Institución.

La jornada se inició con un cálido saludo de buenos días, pronunciado por la Directora, que logró despertar sonrisas y atención en todos los presentes. Este gesto inicial, simple en apariencia, fue el preámbulo perfecto para una sesión donde la cercania y el respeto mutuo serían los ejes conductores. La Directora, consciente de que la educación comienza en el reconocimiento del otro, propició desde el primer instante un clima de confianza y apertura, esencial para cualquier proceso de enseñanza aprendizaje.



En un primer momento de especial relevancia, la Directora convocó a la estudiante Sienna Alessandra Ascanio Márquez, perteneciente al Segundo Grado A, para felicitarle públicamente por su extraordinario triunfo en un reciente torneo de atletismo. Sienna, con enorme orgullo, mostró las tres medallas conquistadas, generando una oleada de aplausos y admiración entre sus compañeros. De esta manera, la Directora no solo celebró un logro deportivo individual, sino que sembró en la comunidad educativa la certeza de que el esfuerzo y la disciplina son valores que la UEIGFM honra y promueve.



Seguidamente, la Directora abordó un tema central para la vida académica: la próxima realización de una prueba sumativa muy importante en cuatro áreas fundamentales del aprendizaje: lenguaje, matemáticas, ciencias y estudios sociales. Con tono alentador, les deseó la mejor de las suertes a los estudiantes, recordándoles que este desafío individual, gestionado por sus maestras dentro de cada aula, es una oportunidad para demostrar los conocimientos adquiridos. La Directora expresó su plena confianza en la preparación de los niños y en el buen rendimiento que quedaría evidenciado en los resultados.



Complementando esta discusión académica, la Directora Ysbhet Curiel ofreció un mensaje profundo sobre la importancia de la formación integral en valores. Explicó que el conocimiento de las áreas curriculares debe ir siempre acompañado del cultivo de la honestidad, la responsabilidad, la empatía y la perseverancia. Señaló que un estudiante verdaderamente excelente no es solo aquel que obtiene altas calificaciones, sino quien actúa con rectitud, ayuda a sus compañeros y respeta las normas de convivencia. Estos valores, afirmó, son el cimiento sobre el cual se construye una sociedad más justa y fraterna.



En esa misma línea ética y moral, la Directora profundizó en el concepto de la felicidad en la vida. Precisó que la verdadera felicidad no reside en el éxito individualista o en la acumulación de bienes, sino en el vínculo sano y respetuoso con las personas que nos rodean. Subrayó que se es feliz cuando se actúa sin hacer daño a nadie, cuando se contribuye al bienestar común y cuando se reconoce al otro como un ser digno de respeto. Esta visión, anclada en una ética del cuidado, invita a cada niño a construir su alegría desde la bondad y la responsabilidad social.



Acto seguido, y con un tono de especial exhortación, la Directora se dirigió a las maestras para recordarles la sagrada responsabilidad que implica la supervisión y vigilancia de los estudiantes. No se trata, precisó, de una mera custodia física, sino de tener los cinco sentidos puestos en el bienestar integral de los niños durante toda su permanencia en el Colegio. Les pidió estar atentas a sus gestos, silencios e interacciones, porque escuchar al niño significa también observar su entorno, prevenir riesgos y garantizar que cada espacio del Colegio sea un refugio seguro para aprender y crecer.


Abordando un tema delicado con el tacto que la situación requería, la Directora señaló la importancia de evitar juegos indebidos que impliquen contacto impropio entre los estudiantes. Con un mensaje institucional claro sobre comportamiento y moralidad, explicó que no todos los juegos son permisibles, y que las actitudes lúdicas deben estar alineadas con la inocencia propia de la edad y con el respeto a las diferencias. Enfatizó que el juego sano es aquel que respeta los límites del cuerpo y la dignidad de cada persona, formando así a los niños en una cultura del respeto y la decoro acorde con los principios formativos del Colegio.



Tras esta importante reflexión, el encuentro derivó hacia un momento de profunda espiritualidad y tradición, en el marco del mes de mayo. Un grupo de estudiantes del Segundo Grado A, acompañados por su maestra, se acercó a la imagen de la Virgen María para entregarle una bella ofrenda floral. Los niños, con su voz tierna pero cargada de fe, elevaron peticiones por la salud de todos los presentes y de sus familiares, creando un ambiente de recogimiento y unidad que fortaleció el sentido de comunidad y gratitud entre los asistentes.



Terminada esta emotiva actividad, la Directora resaltó la importancia nuclear del padre y de la madre en la formación de la autoestima de los niños dentro del núcleo familiar. Explicó que una autoestima sólida se construye cuando los hijos reciben amor incondicional, límites claros y reconocimiento por sus esfuerzos desde el hogar. Las ventajas de una familia presente y afectuosa son múltiples: niños más seguros, resilientes frente a la adversidad, con mayor disposición para aprender y relacionarse sanamente, y con una base emocional que les permite soñar sin miedo a fracasar.



El colofón de la Hora de la Excelencia fue una dinámica bailable, dirigida por los profesores de danza, quienes organizaron una coreografía participativa que puso a bailar a todos los niños y a las maestras. Esta actividad fue sumamente positiva porque, al ejercitar el cuerpo mediante el movimiento rítmico, se activó la circulación sanguínea y se liberaron endorfinas, preparando la mente para el esfuerzo intelectual de la prueba que los alumnos estaban a punto de presentar. El baile colectivo funcionó como un regulador emocional que disipó tensiones y renovó la energía de los estudiantes.



Una vez finalizada la dinámica, la Directora autorizó que los alumnos y las maestras ingresaran a las aulas, con el ánimo renovado para continuar con entusiasmo todas las actividades académicas, deportivas y culturales previstas para la jornada. De este modo, la actividad no supuso una interrupción del ritmo escolar, sino una pausa pedagógicamente planificada que potenció la disposición al aprendizaje posterior.



Realizar una actividad como la Hora de la Excelencia beneficia la educación de los estudiantes en múltiples dimensiones. En la dimensión emocional, fortalece la autoestima y la motivación. En la dimensión social, fomenta el sentido de pertenencia y el respeto por los logros ajenos. En la dimensión ética, interioriza valores como la honestidad, el cuidado del otro y la moralidad en el juego. 



En la dimensión espiritual, conecta con tradiciones que dan sentido y esperanza. En la dimensión física, promueve el movimiento saludable. Y en la dimensión cognitiva, reduce el estrés previo a las evaluaciones, optimizando así el rendimiento intelectual. La Directora Ysbhet Curiel demostró, una vez más, que educar es tejer todas estas dimensiones en una sola pieza, dando forma a niños íntegros y felices.






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