Fe, Tradición y Encuentro Escolar: la Coronación de la Virgen María en la UEIGFM

Fe, Tradición y Encuentro Escolar: la Coronación de la Virgen María en la UEIGFM

El primero de junio de 2026 quedará registrado en la memoria de la UEIGFM como una jornada donde el cielo y la tierra se encontraron en la cancha techada de usos múltiples. Aquella mañana, la comunidad educativa entera fue convocada a vivir una experiencia profunda de fe, arte y tradición religiosa cristiana venezolana: la Coronación de la Virgen María, una festividad que en el mundo católico se celebra cada 31 de mayo pero que en nuestra casa de estudios adquirió un significado particularmente pedagógico y cultural al realizarse en la antesala del mes patrio.






La Coronación de la Virgen María es una celebración de origen cristiano que reconoce a María de Nazaret como Reina del Cielo y de la Tierra. Esta tradición se fundamenta en las letanías lauretanas y en la proclamación del dogma de la Asunción, y fue confirmada por el papa Pío XII en mil novecientos cincuenta y cuatro al instituir la fiesta de María Reina. 






En Venezuela, esta devoción se manifiesta con especial fervor en procesiones, serenatas y actos de coronación de imágenes en templos, plazas y escuelas, fusionando la herencia católica europea con la alegría y el colorido del pueblo venezolano.






La actividad fue producida y dirigida por la Directora General, Lcda. Ysbhet Curiel, quien concibió este evento como un puente entre lo sagrado y lo formativo. Participaron activamente los estudiantes y docentes de los tres niveles educativos, organizados por las Coordinaciones correspondientes: Educación Inicial, Primaria y Media General. La estructura del acto fue diseñada para que cada asistente, desde el más pequeño hasta el joven de la Promoción 34, viviera la coronación no como un espectáculo pasivo sino como una experiencia de fe activa y aprendizaje significativo.






El evento comenzó con un desfile progresivo y ordenado. Cada curso, precedido por su docente, ingresó a la cancha techada y se dispuso en forma perimetral, creando un pasillo humano de respeto y recogimiento. Esta disposición, tan cargada de simbolismo, permitió que todos los presentes rodearan simbólicamente a la Virgen, recordándonos que María es el centro que une a la comunidad educativa en torno a los valores del respeto, la disciplina y la espiritualidad.






A lo largo del perímetro de la cancha se ubicaron nueve estaciones. Cada una de ellas funcionó como una estación de oración para rendir homenaje a la Virgen. En cada estación se colocaron dos estudiantes vestidos de blanco inmaculado, color que en la tradición mariana simboliza pureza, luz y resurrección. Estas estaciones no fueron meros adornos, sino espacios vivos de oración que guiaron a los asistentes en un recorrido interior de reflexión y alabanza.






La Directora General ofreció las palabras de bienvenida con un mensaje que supo unir lo piadoso con lo pedagógico. Explicó que aquel homenaje tenía una primera intención clara: honrar a la Virgen María como Reina y Madre. Pero también señaló que el acto era un reconocimiento a todo el alumnado mirandino, porque la institución ha sido testigo de evidencias tangibles de sus múltiples talentos en áreas culturales y deportivas. 






La Directora mencionó especialmente la reciente demostración de excelencia de los dos estudiantes que representaron al Colegio en el festival intercolegial titulado La Voz Andiepista, donde se obtuvo el primer lugar en voz femenina y la mención honorífica Impacto en la voz masculina. Como gesto de orgullo institucional y estímulo al arte, la Directora entregó obsequios a esta pareja de talentosos estudiantes, magníficos intérpretes.






En su intervención, la Directora describió el acto religioso como un jardín de oración donde cada pétalo de silencio, cada ave María y cada paso de la procesión sería una semilla de paz en el corazón de los presentes. Invitó a todos a contemplar a María no como una figura lejana, sino como una madre cercana que hoy camina con nosotros en los pasillos del Colegio. De esta manera, la espiritualidad se volvió tangible, cotidiana y profundamente educativa.






Concluidas las palabras, se inició el acto religioso propiamente dicho. La procesión con la imagen de la Virgen María, una figura muy querida por la institución, recorrió solemnemente el recinto. La imagen fue escoltada por un conjunto de estudiantes vestidos de blanco, quienes marchaban con pasos lentos y manos juntas. 






Detrás de ellos, el resto de los asistentes acompañaban con mirada atenta y corazones dispuestos. La procesión se detuvo en cada una de las nueve estaciones, y en cada una se rezó un ave María en honor de la Virgen. Mientras tanto, de fondo sonaba música religiosa que envolvía el ambiente en una atmósfera de recogimiento y belleza.






Uno de los momentos de mayor significado pedagógico y cultural fue la representación de seis niñas que encarnaron diferentes advocaciones de la Virgen María. Desde Educación Inicial participaron las advocaciones de la Virgen del Socorro, la Virgen de la Rosa Mística y la Virgen del Valle. Desde Educación Primaria participaron nuevamente la Virgen del Socorro, junto a la Virgen de Guadalupe y la Virgen de Chiquinquirá. 






Este tipo de representación permite que los estudiantes más pequeños internalicen, a través del juego dramático y la corporalidad, la diversidad de rostros con que la Virgen María ha acompañado a los pueblos. No se trata de un simple disfraz, sino de una catequesis viva que enseña que la fe tiene historia, geografía y colores distintos, todos válidos y hermosos. La Virgen del Valle es patrona del oriente venezolano, la Virgen de Chiquinquirá es reina del Zulia, y la Virgen del Socorro es consuelo de los afligidos. Así, las niñas se convirtieron en memoria andante de la religiosidad popular venezolana. El acto fue narrado por la oradora de orden, quien pausó la secuencia para leer y explicar un pasaje bíblico fundamental. Se trata del libro del Apocalipsis, capítulo doce, versículo uno, que dice: Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. 





La oradora explicó que este pasaje es la base escriturística más clara para reconocer a María como Reina universal de todo lo creado, Reina de la creación y Reina de nuestros corazones. Este momento enseñó a los estudiantes que las tradiciones marianas no son inventos populares sin fundamento, sino que hunden sus raíces en la misma Palabra de Dios.






A continuación, un grupo de estudiantes elevó un conjunto de peticiones a la Virgen María. Las intenciones abarcaron desde la salud de los enfermos, la paz en las familias, la bendición de los maestros, hasta el éxito de los exámenes y la protección de Venezuela. Esta práctica de las peticiones comunitarias enseña a los niños y jóvenes que la oración no es un acto individualista y egoísta, sino una responsabilidad solidaria donde se pone en las manos de María las necesidades de todos.






El acto continuó con la presentación de ofrendas en el altar de la Virgen. Las ofrendas fueron florales y de cirios encendidos. En la tradición religiosa, las flores representan la fugacidad y belleza de la vida ofrecida a Dios, así como el Ave María que se eleva como perfume agradable. Los cirios encendidos, por su parte, simbolizan a Cristo como luz del mundo y la fe viva que no se apaga. 






Cada ramo fue entregado con devoción por estudiantes que se acercaban al altar con pasos lentos, inclinando la cabeza y depositando su ofrenda con las manos juntas. Algunos estudiantes llevaban flores blancas en honor a la pureza de María; otros, girasoles que evocan la búsqueda constante de la luz divina. Esta ofrenda no fue un mero adorno estético, sino un lenguaje corporal y simbólico que expresó gratitud, petición y pertenencia a una comunidad de fe.






Llegó entonces el momento más esperado y de mayor carga simbólica: la coronación de la Virgen. Previamente, las seis estudiantes que representaban a las advocaciones marianas ofrecieron un mensaje a la patrona. En un tono tierno pero firme, le dijeron a la imagen: Madre nuestra, tú que llevas en tu frente la estrella de la mañana, derrama tu bendición sobre esta casa de estudios. Intercede por nosotros ante tu Hijo Jesús, para que seamos estudiantes de corazón noble, maestros de palabra justa y directivos de mirada compasiva. Este mensaje fue una verdadera oración de consagración escolar, que enseñó a los presentes que pedir la intercesión de María no es olvidarse de Cristo, sino acercarse a Él por el camino más humano y cercano.






Acto seguido, dos estudiantes del nivel de educación inicial realizaron la coronación de la virgen con la ayuda de sus maestras. Con manos pequeñas pero seguras, colocaron una corona sobre la cabeza de la imagen. En la tradición católica, la corona de María no es un símbolo de poder terrenal ni de dominio, sino de servicio, de entrega total a Dios y de victoria sobre el pecado y la muerte. Coronar a la Virgen significa reconocer que su humildad y su sí a Dios la elevaron por encima de todos los ángeles y santos. 





Ejecutar esta coronación por parte de niños de inicial tiene un profundo significado pedagógico: les enseña que la grandeza no está en mandar, sino en servir; que María es Reina porque fue esclava del Señor; y que la verdadera corona se forja con obediencia, ternura y amor al prójimo. Al ver a la Virgen coronada, todos los presentes aplaudieron y celebraron con júbilo contenido, mezcla de fiesta y oración. Aquel aplauso no fue mundano, fue una aclamación litúrgica que decía: bendita tú entre todas las mujeres.






En medio de ese júbilo colectivo, se escuchó el canto de los estudiantes de la Promoción 34, realizado en honor a la Virgen. La melodía, ensayada durante semanas, fue un himno compuesto por los propios alumnos con acompañamiento de guitarra y flautas. La letra hablaba de María como estrella del mar que guía a los jóvenes en medio de las tormentas de la adolescencia. Este momento musical selló con arte y sensibilidad lo que la procesión había iniciado con fe y disciplina.







Con este canto culminó el acto de coronación. Los estudiantes regresaron a sus aulas no con un recuerdo pasajero, sino con una experiencia que interpeló todas las dimensiones de su ser. Realizar un acto como este en el ámbito escolar es profundamente pertinente porque favorece al menos cuatro dimensiones formativas. La dimensión espiritual, al abrir espacios de encuentro con lo trascendente sin imposiciones dogmáticas sino desde la vivencia respetuosa de la tradición. 






La dimensión cultural, al conectar a los estudiantes con las advocaciones marianas venezolanas como parte del patrimonio inmaterial del país. La dimensión comunitaria, al reunir a inicial, primaria y bachillerato en un mismo objetivo de respeto y cooperación. Y la dimensión artística, al integrar música, oratoria, actuación, canto y ofrendas florales como lenguajes de expresión simbólica. La UEIGFM demuestra así que la tradición religiosa, lejos de ser un anacronismo, es una oportunidad pedagógica para formar estudiantes con raíces, con sensibilidad y con capacidad de asombro ante lo sagrado.






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